IMG_0288 copiaVenir a la Isla de Pascua se ha convertido en un destino casi de lujo. Muchos chilenos ni siquiera lo conocen. Mi decisión fue a última hora y es posible que debido a ello tenga que apretar el cinturón para que entre en presupuesto y pueda alcanzar mi objetivo final. Esta reflexión se desvanece en cuanto estas en frente de una fila de esculturas enormes, los moais, con la mirada al cielo, el mar detrás rompiendo la olas contra las rocas y el sol desapareciendo en el horizonte. Sin duda tiene una atracción inusual.

La isla es pequeña y como mínimo necesitas cuatro días (otros te dirán una semana) aunque sería recomendable alquilar un coche. Depende de lo que quieras gastarte, claro, porque aquí está bien explotado el turismo. Conocí gente que llevaba un mes allí. Nada más aterrizar tienes que pagar una entrada al “Parque”, es decir, que si quieres ver lo que todo el mundo viene a ver, necesitas ese pase (30.000 pesos para extranjeros, 45€. *). Después está el alojamiento, que en mi caso fue lo más económico: el camping, donde estrené por primera vez la tienda de mi buen amigo Diego, otro aventurero que vino a tierras americanas hace unos años; y por último, está la comida. Incluso en las guías te sugieren que hagas las compras en Santiago y, por supuesto, así hice. Compré todo tipo de víveres para estos días en la isla.

El camping está bien equipado con taquillas y utensilios para cocinar. Las duchas tienen agua caliente a veces y se supone que tienen internet, pero va muy lento. Por suerte tienen agua potable, un bien escaso en algunos países y aquí puedes beberlo del grifo sin problemas. Lo mejor de esos días en el camping fue la cantidad de gente que conocí. El comedor era una sala enorme y allí compartimos todo tipo de consejos, desde qué hacer en la isla como qué visitar en Latinoamérica. Tanto es así, que modifiqué mi ruta por Chile y me invitaron a su casa en Cuzco, Perú.

El pueblo, Hanga Roa, está lleno de restaurantes, panaderías y tiendas de todo tipo. Incluso tienen un campo de fútbol en el que juegan varios equipos amateurs. Si quieres hacer tours los tienes en coche, a caballo o, incluso, puedes bucear o también ir a la playa que tiene chiringuitos para comer. Hay todo tipo de actividades para no aburrirse, aunque si no te apetece gastar puedes pasear al lado de la costa y disfrutar del formidable paisaje.

IMG_0244 copiaEn mi caso, alquilé una bicicleta y me pegué una paliza importante. El primer día estuve caminando hacia el cráter Ranop Kau, que está al lado del pueblo y es una buena forma de tomar contacto con la isla. Durante la subida me siguió un perro (aquí todos los perros viven con plena libertad. Son muy amigables. Incluso los caballos viven a sus anchas por los campos) no contento con guiarme hacia el cráter, el perro también me acompañó en la bajada.

Al día siguiente alquilé la bicicleta (12 euros por ocho horas, para que veáis el nivel de precios) e hice la ruta mas grande de 30 km por la costa en la que me dejé la vida. Demasiadas subidas, baches, viento y un calor sofocante. Cuando llegué a ver Rano Raraku (“la fábrica de moais”) el guía de la entrada me ofreció un fruto típico de allí (creo que se llama ‘Macae’). Había que pelarlo como las vaina de un guisante y dentro estaban las semillas rodeadas de una jugosa fruta blanca que refrescaba y, como me dijo él “tiene mucho azúcar. Lo necesitarás”. Supongo que al verme rojo, sudando y bebiendo una gran cantidad de agua, le di pena.

La Isla de Pascua se convirtió entonces en el lugar más alejado que he estado de España. Cuando regresé a Santiago, empecé la ruta hacia el sur: la región de Araucanía.

 

 

*La CONAF (Corporación Nacional Forestal). Es el organismo que se encarga en Chile de todos los parques naturales y en todos los extranjeros pagamos más que los chilenos.

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