Ruta 40 Argentina
Ruta 40 Argentina

Me comía el bocadillo a ratos. Cuando veía acercarse un coche, lo guardaba y me limpiaba los morros, no sea que me quedara alguna miga en la barba (ya de un mes), levantaba el dedo y ponía cara de cachorro abandonado, pero ni por esas. Tuve suerte y brillaba el sol con un suave viento frío. Estaba en un punto indeterminado de la famosa ruta cuarenta argentina.

La última persona que me levantó (como dicen aquí) era una mujer flacucha que iba con sus dos hijas pequeñas atrás. “Voy a recoger a mi marido, te dejo por acá, seguro que alguien te levanta”. No llegó a la media hora. Paró una furgoneta que la conducía Graciela. A su lado iba su hijo con unos cascos de música blancos. “Voy a Esquel”, me dijo ella. Acepté, pensando en buscar un camping en aquella zona, pero al final dormí en una cabaña de su chacra (casa de campo)  en Corcovado durante dos días.

Días antes había cruzado la frontera de Argentina y en la estación de autobuses de Bariloche había comprobado que bajar hasta Los Antiguos en autobús era caro. Nahuel, mi amigo de couchsurfing, me aconsejó sin apuros que hiciera dedo. Me separaban mil kilómetros hasta allá. Mientras tanto, pasé dos noches en lo que llaman la Suiza Argentina: San Carlos de Bariloche. No tenía muchas esperanzas en esta localidad, porque era la referencia para esquiar, un deporte que no practico, y además era cara. En cierto modo, no me equivocaba, aunque también hay actividades gratuitas y se puede disfrutar sin gastar mucho.

El cerro Campanario es una de ellas, tiene una subida en teleférico y andando. El camino está bien señalizado entre el bosque y, aunque es corto, tiene inclinaciones duras. Descansé varias veces antes de alcanzar la cima desde donde se puede disfrutar unas vistas de casi 360º de los lagos y montañas que rodean a Bariloche. Solo por esa panorámica, merece la pena venir aquí. Tiene tantos rincones, playas, montañas decoradas con nieve, bosques de diferentes colores, en definitiva, el fuerte viento me hizo soltar alguna lágrima, pero tampoco me hubiera importado reconocer que había llorado de la emoción.

Tras bajar con una enorme sonrisa me fui al cruce del kilómetro dieciocho, que es la manera que tienen de guiarse los locales, hice dedo y me recogió una mujer. “Voy a la colonia Suiza”, le dije. “Subí. Trabajo allí. Doy clases de Mapuche”. Estuve mucho tiempo buscando información sobre los Mapuches en Chile y el destino me regaló con este encuentro al otro lado de la frontera. Además de enseñar la lengua Mapuche era cantante. “Los Mapuches en Argentina fueron asesinados, me contaba Anahi, fue un genocidio similar al de los judíos en la época nazi”. La charla fue corta al igual que mi paseo por la colonia Suiza debido a que solo dos días por semana había feria (mercado). A la vuelta, camino a Bariloche me recogieron en un todoterreno tres hermanos muy simpáticos. Como no tenía mucho que hacer almorcé con ellos.

“El negüen es el espíritu que habita en las piedras, los árboles, en definitiva, en todos los seres vivos”. Con esta idea que me comentó Anahi un día antes me fui a las afueras de Bariloche por donde pasaba la ruta cuarenta. Me levantaron cuatro y el último era Graciela, que iba con su hijo que llevaba unos cascos de música blancos. “Voy a Esquel”, me dijo. En realidad, iba allí a visitar a su familia, luego se dirigía a su chacra en Corcovado porque tenía que plantar unos árboles. No lo pensé dos veces y le pregunté que si necesitaba ayuda, me iba con ella y aceptó. Durante el camino, Graciela, de origen Mapuche, me iba explicando el conflicto que tienen su comunidad con el gobierno por querer recuperar su territorio. “No lo queremos por poseer la tierra, sino porque nuestra cultura tiene unos ritos y unas creencias y tienen que ser en las zonas donde nuestros antepasados se criaron”.

Estuve en Esquel unas horas y me acerqué a la plaza del pueblo donde celebraban el día del estudiante. Música de percusión, danza africana y, de pronto, la plaza se llenó con la gente que empezó a bailar las chacareras. La música más tradicional argentina que el tango. A las ocho salimos dirección Corcovado. La carretera tan pronto era ripio como asfaltada. Sorprende el criterio de decidir que trozo se llena de brea y cual no. No tiene sentido. Llegamos de noche a la chacra. Graciela me hospedó en una cabaña, me dio pan y un par de sobres de manzanilla. “Descansa. Buenas noches”.

Había mucho trabajo que hacer, pero apenas hicimos nada durante el día. Mas que almorzar, comer, merendar y hablar. Hablé mucho con Hugo, la pareja de Graciela. De lo inexplicable que es que un país como Argentina que tiene buena sanidad y educación gratuita, incluida la Universidad, tenga esa maldita corrupción que impide tener buenas carreteras o, como comenté en otro artículo, no funcione el tren.

El tren no funciona, pero hacer dedo es mejor que el autobús. Crucé la frontera a Chile y, también a dedo, llegué a Puente tranquilo. Había recorrido mas de mil kilómetros en tres días de coche en coche.

[Nuevo post] Después de mil kilómetros desde Bariloche, pasé por la ruta cuarenta, después cruce a Chile y bajé por la ruta Austral. Mi primera parada “oficial” fue en Puerto rio tranquilo a ver lo que todo el mundo… Las cavernas del mármol. Hay que unirse a un grupo para poder salir en las barcas y por 10€ aprox tienes el paseo por las cuevas. Mi ruta sigue, de nuevo, cruzando a Argentina… Sigue mi viaje por la ruta #panamericana en el blog de @nortedecastilla: http://bit.ly/2bxkI4W #chile #chilemochilero #viajeporchile #instachile #visitchile #Sudamerica #latinoamerica #visitsouthamerica #mochileros #backpackers #viajes #travelling #blog #travelblog #viajeros #travel #happiness #instablog #instatravel #viajar #travelingram

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