Corría el mes de Agosto de 1979 cuando mi mujer y yo aprovechamos un viaje de trabajo para hacer un viaje que recordaremos toda la vida.

Qhapaq_Nan
Qhapaq_Nan

Entre mis muchas lecturas había descubierto lo que se conoce como el camino del Inca o “Chapaq Nan” que significa “camino principal” en Quechua. Es una red de caminos de más de 30.000 Km de largo entre las ciudades del imperio Inca, Desde argentina y Chile hasta Colombia pasando por Bolivia, Perú y Ecuador. Toda una obra de ingeniería considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 2014.

Siempre me han fascinado la arquitectura y las culturas precolombinas y por tanto cuando lo descubrí no pude dejar de buscar la información que en aquellos días era posible recopilar ya que internet no existía y el acceso a información era infinitamente más limitado que ahora.

Así que con mucha paciencia empecé a imaginar una ruta que nunca pensé que fuera capaz de llegar a hacer, sobre todo por que en aquel momento tenía ya 5 hijos en el mundo y no veía el momento en que mis responsabilidades me dieran un respiro para poder realizar lo que entonces era toda una aventura.

Ya que a la falta de acceso a la información en comparación con lo que hay hoy, hay que sumarle la inseguridad de aquellas época en aquella región con las guerrillas, los emergentes cárteles de la droga y la propia inseguridad de una región muy pobre. Algo realmente increíble dada la riqueza de aquellas tierras. Pero esa es harina de otro costal.

El caso es que por razones de trabajo me vi envuelto en un viaje de La Paz a Cuzco con varias paradas por el camino. Recuerdo lo emocionado que llegué a casa con la gran noticia. Pero como donde hay patrón no manda marinero, mi mujer, por supuesto, se opuso con un rotundo no. Y a ver quien le llevaba la contraria.

Así que me hizo sufrir durante un par de horas hasta que al final me dijo que sólo me dejaría ir con dos condiciones. La primera, que si iba, tenía que ir si o si a visitar el Lago Titi-caca y el Machu Pichu. ¿Y la segunda? Pregunté con toda mi ingenuidad… que yo voy contigo, por supuesto, que te crees tu que te vas a ir tu y yo me voy a quedar aquí para ver luego fotos de donde has estado.

Así que durante varias semanas estuvimos buscando información mezclando un viaje de trabajo con una aventura en toda regla. Y lo que en principio era un viaje de una semana, se convirtió en una expedición de más de un mes por Bolivia y Perú.

¿Y los niños? Con sus abuelos por supuesto… hay cosas que nunca cambian.

Volando hacia La Paz
Volando hacia La Paz

Así que una vez todo, más o menos organizado, sólo nos faltaba una cosa. Comprar los billetes de avión y reservar los hoteles y el transporte por allí. Esto, más que una aventura, fue una auténtica pesadilla. Nada que ver con las facilidades que hay hoy en día para organizarse por internet los viajes.

Y por supuesto, la primera en la frente. Llegamos a “La Paz” después de un viaje agotador y por supuesto la reserva que teníamos en el hotel, no existía. Algunos recordaréis lo que era el mundo sin teléfonos móviles ni internet. Muchos ni lo imagináis.

Total que en aquellos tiempos si algo así te pasaba, estabas vendido. En el mejor de los casos y como por supuesto nos pasó a nosotros, lo normal es que los del hotel te dijeran que el hotel estaba lleno y que no podían hacer nada.

Y cuando ya estabas desesperado pensando en que tenías que ir de hotel en hotel buscando dónde poder alojarte, el recepcionista venía con la mejor de sus sonrisas, para decirte que casualmente había una cancelación de última hora y que tenían una suite. Eso sí, a precio de oro y que evidentemente no podíamos rechazar.

Y así, llegamos a La Paz.

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