A las 10 am del día 22 de abril, me encontraba en la ciudad de Fez, ansiosa porque llegara mi conductor, el que nos acompañaría los próximos 4 días en nuestra travesía por el desierto de Marruecos.

Cuando de repente veo a un chico con cara de 20 años, vestido de jeans y camiseta deportiva, con un perfecto acento español y que me dice ¡HOLA! soy Moha (con una amplia y sincera sonrisa)

–Los he venido a buscar para ir al desierto.

Primera reacción fue: ¿Y tú eres el que conduce?, ¿cuántos años tienes?, ¿Hace cuánto conduces?, él solo rió y me dijo no te preocupes, no pasará nada malo, los cuidaré y estaré encantado de acompañarles y de conocerlos. Bastó eso para que me duerma como un bebe apenas subí al coche.

Durante el camino el me iba despertando, para hacer paradas de lugares muy interesantes, que ya relataré en otra ocasión.

Después de muchas paradas y muchas horas de viaje, llegamos a Merzouga – Lugar donde nos quedaríamos la primera noche, nos estaban esperando con cena y con una amabilidad que debo reconocer que me sorprendió. Post-cena, escuchamos un poco de la música bereber en vivo, liderado por supuesto por Moha, la canción con la que partió el repertorio fue “Vamos a la playa”, me reí tanto por la circunstancia irónica, cantando vamos a la playa, cuando el panorama completo era desértico.

 Bueno … Ahí voy con la presentación: –Mohamed Ait Ali, Nació hace 24 años como nómada en el desierto del Sahara, Erg Chebbi, Marruecos.

Él y su familia se iban moviendo de un lugar a otro en búsqueda de alimentos para sus animales y de agua para sobrevivir.

Comenzó a trabajar a los 6 años junto a sus hermanos en el cuidado de sus animales, cabras y dromedarios. Viviendo como nómade del desierto hasta los 10 años. Luego fueron a vivir a Merzouga, en una casa de adobe que hicieron todos juntos, con sus propias manos.

Su padre insistió en que fuera a la escuela… Y lo hizo, estuvo 4 años estudiando, tiempo que encontró más que suficiente, decidiendo no continuar, porque sentía que su día a día era la mejor escuela.

Por lo que a los 14 años comenzó su aventura trabajando como “camellero” – Nombre con el que llaman a la persona encargada de llevar a grupos de turistas en Dromedarios por el desierto– En esta parte de África no se encuentran camellos, la diferencia es, que los dromedarios solo tienen una joroba. Más de 6 años se dedicó a esto, aprendiendo más de 5 idiomas, dándole también la madurez suficiente para hoy lo pueda llamar “Mi pequeño gigante del desierto”.

–Por fin llego el gran día de ir al Desierto de Erg Chebbi, él nos acercó hasta donde partiríamos nuestra ruta en dromedario. Nuestro “camellero” se llamaba Mohamed y mi dromedario “Bob Marley” –Alrededor de una hora y media después de escuchar minuciosamente el sonido del desierto, ver todo tipo de huellas en esa arena dorada finísima por la que firme, pero a la vez muy suave Bob Marley me acercaba al corazón del desierto.

Llegamos a la hora precisa para ver el atardecer, sentada en una duna de muchísimos metros de altura, que por cierto me costo mucho subir.

Escuchando por primera vez lo que significa “el sonido del silencio” , fuimos a conocer nuestra “Jaima”, sin saber que esa noche sería una de las mejores de mi vida.

Moha, Hamid y Hassan, nuestros anfitriones en el campamento, que estaba solo para nosotros, llegaron en una moto 4×4 con los ingredientes de la cena y el exquisito té Marroquí.

Mientras Hamid se encargaba del que sería “el mejor Tajine” que probaría en Marruecos, yo hablaba de la vida con Moha. –Alrededor de una mini fogata con su djelaba azul, con el símbolo Bereber bordado en su espalda y un turbante negro de 12 metros– Le pregunto: ¿Porqué usan ese turbante? –Con mucha calma me cuenta que lo usan para protegerse de las tormentas de arenas, del frío en el invierno (negro) y del sol en el verano (blanco) y que también lo usan como cuerda cuando la ocasión lo amerita.

Continúo –¿Qué es para ti ser un Bereber?– Ser un Bereber es, ser un hombre libre, significa libertad y supervivencia, es vivir como un nómada por ejemplo –es vivir disfrutando cada momento, porque la vida nos tiene muchísimas sorpresas, por lo que disfrutamos el HOY, porque ese es nuestro futuro, el día que estamos viviendo, no sabemos que va a pasar después y mucho menos donde la vida nos va a llevar.

Hipnotizada por esta cátedra de sencillez y forma de ver la vida, estuve en silencio mirando la mejor pantalla plana en HD del mundo, el cielo estrellado, cuando de repente sin pensarlo siquiera digo: ¿Eres feliz? –Me mira, sonríe y dice: Inmensamente, cada día que despierto y veo este mundo, este paisaje, donde puedes sentir que eres tú, ser libre y conocer gente como ustedes, la verdad es que la respuesta es – Más que feliz…

Conocerlo cambio mi vida y lo digo con todas sus letras – El desierto es mágico, PERO me di cuenta de que mi viaje, mis recuerdos, experiencias, risas y estados transitorios o permanentes, lo hacen las personas como Moha.

                                                                                                                                                                                                                                                                                     Hoy Lunes 22 de mayo, justo un mes después de conocerlo, estoy sentada en mi casa, a muchísimas horas de distancia de ese maravilloso lugar, escribiendo esto y hablando a ratos con Moha por teléfono o whatsapp. –No hay día desde que lo conocí, en que no me haya preguntado: ¿Cómo estás? – “ Os echo de menos”o algo muy de él “…Despacio Vicky, la prisa mata…”

– De mi alma viajera A tu alma de hombre libre–

Y a ustedes mis queridos viajeros solo dar Fe– De que el desierto del Sahara que visité en Marruecos, es un real imperdible, debes hacerlo alguna vez en la vida–.

¡Y muy importante! Si quieren conocer a Moha o que los acompañe en su viaje solo deben escribirme, Él estará feliz de recibirlos.

 

 

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